Amenaza ambiental en la vía Bogotá–Villavicencio tras alteración en el cauce de una quebrada

La zona cercana a la quebrada Munar, es monitoreada por autoridades ante un riesgo inminente para el entorno y la movilidad.

Amenaza ambiental en la vía Bogotá–Villavicencio tras alteración en el cauce de una quebrada

La quebrada se encuentra seguimiento técnico por su impacto en el entorno y la seguridad del corredor vial.

Colprensa/Diego Pineda

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La vía Bogotá–Villavicencio enfrenta un riesgo inminente en uno de sus puntos estratégicos debido a una serie de intervenciones irregulares sobre una fuente hídrica, situación que ya fue advertida por la concesionaria encargada del corredor. El hallazgo se produjo luego de una inspección técnica en la quebrada Munar, ubicada a la altura del kilómetro 15+940, donde se detectaron modificaciones que podrían comprometer tanto la seguridad vial como el equilibrio ambiental del sector.

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La alerta fue emitida por Coviandina tras una revisión realizada a finales de enero, en la que se identificaron cambios no autorizados en el comportamiento natural del afluente. De acuerdo con la información recopilada por la concesionaria, estas acciones podrían estar relacionadas con captaciones ilegales de agua, desvíos mediante canales improvisados y la instalación de mangueras y tuberías sin permisos ambientales.

Intervenciones hídricas activan riesgo inminente en la vía Bogotá–Villavicencio

Los técnicos que inspeccionaron el área encontraron evidencia de manipulación directa del cauce, así como posibles vertimientos y acumulación de material particulado en la zona intervenida. Estas prácticas alteran la dinámica normal de la quebrada y, según Coviandina, habrían sido ejecutadas por particulares o habitantes del sector sin autorización de las autoridades competentes.

Este tipo de situaciones no sería un hecho aislado. La concesionaria indicó que en otros tramos del mismo corredor, como en los kilómetros 58 y 18, ya se habían presentado episodios similares relacionados con el uso irregular de fuentes hídricas cercanas a la infraestructura vial.

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¿Cómo la alteración del agua incrementa el riesgo inminente del corredor?

La modificación artificial del flujo de la quebrada Munar puede provocar cambios súbitos en el caudal, generando reboses, erosión acelerada y arrastre de sedimentos. Estos fenómenos, en un entorno montañoso y de alta pendiente como el que rodea la vía Bogotá–Villavicencio, representan una amenaza directa para la estabilidad de los taludes y para la seguridad de quienes transitan por el corredor.

Según la advertencia técnica, un aumento inesperado del nivel del agua podría debilitar el terreno que sostiene la vía, elevando el riesgo de deslizamientos o afectaciones a la estructura vial. Esto convierte la situación en un factor de vulnerabilidad crítica, especialmente en una de las carreteras más importantes del país.

Impactos ambientales y riesgos para comunidades cercanas

Más allá de la infraestructura, las alteraciones en la quebrada también pueden repercutir en el entorno natural y en las comunidades aledañas. El comportamiento impredecible del agua, producto de las intervenciones irregulares, puede generar afectaciones que se manifiesten sin previo aviso y con consecuencias difíciles de controlar.

Cambios en el cauce, acumulación de sedimentos y vertimientos no regulados pueden deteriorar los ecosistemas locales, además de poner en riesgo a quienes viven o desarrollan actividades cerca de la quebrada.

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Autoridades ya fueron notificadas sobre la situación

Coviandina informó que las entidades ambientales y territoriales con competencia en la zona ya fueron alertadas sobre lo ocurrido. Sin embargo, la concesionaria manifestó preocupación por la falta de acciones concretas para detener las prácticas irregulares que mantienen activo el riesgo inminente en la vía Bogotá–Villavicencio.

La empresa hizo un llamado a una intervención coordinada y urgente para frenar las alteraciones al recurso hídrico, mitigar los riesgos existentes y evitar que el problema escale a un escenario de mayor impacto, con posibles daños a la infraestructura vial y al entorno ambiental.

Mientras no se adopten medidas efectivas, la situación continúa siendo un punto de atención prioritaria en uno de los corredores más estratégicos para la movilidad entre Bogotá y los Llanos Orientales.

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