Aparentar en redes sociales está endeudando a los jóvenes en Colombia

La presión por encajar en plataformas como Instagram y TikTok está influyendo en decisiones de gasto y endeudamiento.

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Redes sociales

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La imagen de éxito y bienestar que muchos jóvenes proyectan en redes sociales no siempre refleja su realidad financiera. Detrás de fotos cuidadas, viajes llamativos y consumo constante, existe una presión social que lleva a una parte de esta población a endeudarse para sostener una apariencia de estabilidad.

Así lo revela una encuesta universitaria realizada en Colombia, que evidencia cómo el deseo de encajar, ser visto y obtener reconocimiento influye de manera directa en las decisiones de gasto de los jóvenes.

De acuerdo con el estudio, el 40,9 % de los encuestados considera que la mayoría de las personas gasta más de lo que puede para aparentar que le va bien. A esto se suma que un 18,2 % identifica la presión del entorno cercano —amigos, familiares o redes sociales— como un detonante clave, en un contexto donde el éxito suele medirse por la visibilidad y la aprobación digital.

Aunque el 78,8 % aseguró no haberse endeudado para aparentar, las cifras muestran una realidad distinta: el 12,1 % admite haberlo hecho en una ocasión y el 9,1 % en varias, lo que deja a más de uno de cada cinco jóvenes (21,2 %) recurriendo al endeudamiento para adquirir ropa, regalos o experiencias pensadas más para mostrarse que para disfrutarse.

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Identidad digital y presión social

En entrevista con Bienestar FM, el sociólogo Luis Barragán, de la Universidad Manuela Beltrán —institución que realizó el estudio—, explicó que las redes sociales han transformado profundamente la manera en que se construye la identidad.

Según el experto, la vida cotidiana se convirtió en un contenido visible y evaluable, donde las personas seleccionan y editan sus experiencias para proyectar una versión idealizada de sí mismas en plataformas como Instagram o TikTok. Esta exposición constante redefine el estatus social, que ya no se mide solo por el trabajo o la familia, sino por símbolos visibles como el consumo, los lugares que se visitan o la imagen personal.

Esta dinámica, advierte Barragán, fomenta una comparación permanente que impacta directamente la autoestima y empuja a muchos jóvenes a tomar decisiones financieras poco sostenibles.

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Poca planificación y decisiones emocionales

El análisis también revela que solo el 31,8 % de los participantes planifica con claridad su presupuesto, mientras que la mayoría improvisa o tiene una noción general de sus gastos. Para los investigadores, este dato confirma que muchas decisiones económicas se toman desde la emoción y la presión social, más que desde la planificación.

En este escenario, aparentar éxito se convierte en una exigencia implícita y el endeudamiento en una herramienta para sostener una imagen social aceptable dentro del entorno digital.

El sociólogo advierte que esta práctica no solo compromete la estabilidad financiera, sino también la salud mental. La encuesta concluye que el consumo juvenil responde cada vez más a una lógica de validación social propia de los entornos digitales actuales, con consecuencias que van más allá de lo económico.

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